Escuchar artículo

En los últimos años, el ecosistema de los medios de comunicación viene experimentando una transformación profunda en sus contenidos. Se trata del auge del denominado "periodismo de periodistas" (o metaperiodismo), una práctica donde los propios profesionales de la comunicación, sus internas de redacción, sus pases de canales y sus disputas ideológicas han dejado de ser secretos de pasillo para convertirse en la noticia principal de la agenda diaria.

Este fenómeno, que antes quedaba relegado a columnas especializadas muy específicas, hoy inunda las pantallas de televisión, las radios, los portales web y, sobre todo, las plataformas digitales.

 

Las razones detrás del fenómeno

Especialistas en comunicación señalan que este auge responde a varios factores estructurales de la época actual. En primer lugar, la espectacularización de la información ha transformado al periodista de un observador invisible en una celebridad; hoy, los conductores de noticias tienen estatus de famosos y sus vidas o contratos generan tanto interés como los de las figuras del espectáculo.

A esto se suma la profunda polarización política. En entornos sociales "grietados", los medios ya no son percibidos como intermediarios neutrales, sino como actores políticos clave. Las audiencias buscan conocer los intereses, archivos o sesgos de los comunicadores para validar sus propias posturas, convirtiendo los cruces entre periodistas en contenidos de alto impacto.

Por otro lado, la tecnología y la economía de los medios juegan un rol crucial. El boom del streaming (YouTube, Twitch) y redes como TikTok o X vive de la autorreferencialidad y de la "reacción" constante a lo que pasa en otros lados. En un contexto de crisis financiera para las empresas periodísticas, opinar sobre lo que dijo un colega en otro canal resulta un formato sumamente económico, de bajo costo de producción y que garantiza clics rápidos (clickbait) e interacciones masivas.

¿Una práctica válida?

El debate sobre si es válido que los periodistas se investiguen entre sí encuentra un consenso mayoritariamente positivo. El periodismo es uno de los poderes fácticos más influyentes de cualquier democracia: moldea la opinión pública y construye agendas políticas y económicas.

Bajo la premisa de que "todo poder debe ser auditado", es saludable y democrático que exista un mecanismo de control mutuo entre los medios. Esta fiscalización ayuda a transparentar quiénes son los dueños de las empresas periodísticas, a detectar operaciones políticas y a marcar los errores graves o la difusión de noticias falsas (fake news).

El límite ético: Entre la auditoría y el canibalismo

Donde el terreno se vuelve resbaladizo es en el plano ético, el cual depende exclusivamente de la intencionalidad y el rigor de la práctica.

  • El enfoque ético (Crítica de Medios): Existe una vertiente noble y necesaria orientada a elevar la calidad del debate público. Se destaca aquí el fact-checking corporativo (desmentir falsedades propagadas por otros medios), la denuncia de conflictos de interés (cuando un comunicador defiende a una empresa o sector por recibir pauta publicitaria privada) y la defensa de los códigos deontológicos, como señalar cuando un colega vulnera los derechos de menores o de víctimas en televisión.
  • El enfoque antiético (Canibalismo y Chimento): La práctica se degrada cuando se convierte en una herramienta de persecución para destruir la reputación de competidores por meras cuestiones de rating, egos o diferencias ideológicas. Asimismo, resulta alarmante la falta de rigor al juzgar el trabajo ajeno basándose únicamente en recortes de pocos segundos en redes sociales.

El mayor peligro ético radica en el desvío de la atención pública. Cuando el periodismo se mira demasiado el ombligo y prioriza las "peleas de periodistas" por sobre los problemas reales de la sociedad —como la pobreza, la inseguridad o la economía—, la práctica se convierte en una cortina de humo mediática.

El "periodismo de periodistas" se consolida así como un arma de doble filo: una herramienta indispensable de transparencia cuando se ejerce con rigor, pero un factor de erosión para la ya golpeada credibilidad general del oficio cuando cae en el puro canibalismo televisivo.

Autor: admin